Transgénicos: Cuando el miedo no coincide con la ciencia

Hablar de alimentos transgénicos suele despertar desconfianza. Para muchas personas, el término se asocia con riesgos graves para la salud o con una amenaza “antinatural”. Sin embargo, cuando se revisa la evidencia científica acumulada durante más de dos décadas, el panorama es mucho más matizado y, en varios puntos, contrario a la percepción social dominante. Numerosos estudios y revisiones sistemáticas coinciden en que los cultivos transgénicos autorizados para consumo no presentan riesgos adicionales comprobados para la salud humana frente a los cultivos convencionales. Estos organismos pasan por evaluaciones rigurosas en aspectos toxicológicos, nutricionales y ambientales, siempre bajo el principio de análisis caso por caso. No existe, hasta ahora, evidencia científica sólida que vincule su consumo con cáncer u otras enfermedades crónicas. En el ámbito agrícola, los datos también desafían ciertas creencias. Metaanálisis de experiencias en campo muestran que algunos cultivos transgénicos han permitido reducir el uso de insecticidas, aumentar el rendimiento y mejorar los ingresos de pequeños productores. Esto no significa que sean una solución universal, pero sí que la tecnología en sí no es el problema. Los debates legítimos existen: la concentración corporativa, el uso de agroquímicos o la pérdida de diversidad agrícola son preocupaciones reales. Sin embargo, estos temas corresponden al modelo de producción y regulación, no a la modificación genética como herramienta científica. En ciencia, el miedo no es un buen asesor. La evidencia invita a sustituir el rechazo automático por una discusión informada, crítica y basada en datos. Porque comprender la diferencia entre riesgo real y percepción social es, hoy más que nunca, una tarea colectiva.