PERSPECTIVA

EL MOMENTO DE LAS DEFINICIONES

por Marcos Pineda Godoy

No recuerdo ninguna transición entre el gobierno de un presidente y otro en México con más complejidades que el actual. Cuidado: problemas y estridencias sí que las ha habido. Más o menos evidentes distanciamientos entre el presidente entrante y el saliente. Mayores o menores rupturas, también de consecuencias diversas. Pero no me refiero a eso sino, como lo dije, complejidades.

Una complejidad resulta de múltiples elementos entrelazados, que no pueden ser entendidos o explicados con la mera suma de sus partes. El cerebro y la economía son ejemplos de sistemas complejos que evolucionan según elentorno, también cambiante y que, por tanto, no son susceptibles de predecir o casi es imposible. Dependen de muchas variables.

Ese es el hoy del régimen político mexicano. Uno donde la persecución judicial de políticos involucrados con el crimen organizado se toma como injerencia extranjera y sirve de argumento para generar una campaña en defensa de la soberanía que, en realidad, es el arranque de la campaña electoral. La premisa de la defensa de la autodeterminación del pueblo mexicano es irrebatible, pues de ninguna manera se puede tomar partido a favor del intervencionismo.

Ya de por sí son muchos los elementos a considerar: las relaciones económicas, migración, crimen organizado y tanto más, pero ahora se suma la postura de la presidenta Sheinbaum y del expresidente, AMLO. Quienes pensaban que una vez iniciado el gobierno de la mandataria asumiría por completo las riendas del poder y tomaría distancia, quizás hasta rompiera con su antecesor, tal como sucedía enel antiguo régimen, ese que llaman neoliberal, se han quedado esperando. Y no parece haber señales de que vaya a ocurrir, al menos ninguna hasta el momento. Lo que ha tenido que corregir Claudia Sheimbaum ha sido porque no tenía otra opción. Se corregía o se venía abajo. Pero lo ha hecho sin romper y sin señalar.

La carta de López Obrador y el posicionamiento de Sheinbaum Pardo lo dejan muy claro: presidenta, líder máximo y movimiento están alineados en la defensa del régimen. No desean la confrontación directa con Donald Trump, pero tampoco están dispuestos a aceptar que la purificación de la vida pública se quedó solamente en el discurso y que hay miembros de su partido a los que piensan proteger, esgrimiendo la soberanía y la falta de pruebas como sustento.

Todavía falta mucho por escudriñar en esta trama que está poniendo a México bajo varios fuegos. Y sí, es aceptable, es momento de definiciones. De tomar partido por los intereses del pueblo mexicano en su conjunto, dejar atrás el discurso polarizador y ofensivo. O apostar por la defensa de unos cuantos que han robado, han mentido y han traicionado al pueblo. En manos de la presidenta está la decisión.

Mientras tanto, el reloj sigue corriendo. Y no hay plazo que no se cumpla.

Y PARA INICIADOS:

Mientras de este lado se alzan las voces, dirigidas desde Palacio Nacional, para movilizar a los votantes en defensa de la soberanía, allá han preferido guardar silencio, comenzando por Donald Trump. Acá se politizó un caso jurídico. Allá han preferido seguir los canales diplomáticos y los tiempos legales. Pero eso tendrá un límite. Será cuando se exhiban las pruebas y las exigencias aumenten. Como dice la voz popular: “A cada capillita le llega su fiestecita”.

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