Cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha impulsada por la Organización de las Naciones Unidas para visibilizar la importancia de la participación femenina en los campos científicos y tecnológicos. No se trata solo de una cuestión de igualdad, sino de un tema directamente relacionado con el desarrollo, la prevención y el bienestar social.
La ciencia está presente en la salud, la alimentación, el medio ambiente, la gestión de riesgos y la tecnología que usamos a diario. Limitar el acceso de mujeres y niñas a estos espacios no solo es injusto, también reduce la capacidad colectiva de anticipar y resolver problemas complejos.
Las cifras detrás de la brecha científica
De acuerdo con datos de la UNESCO, menos del 30 % de las personas que se dedican a la investigación científica en el mundo son mujeres. En áreas como ingeniería, tecnología y ciencias exactas, la brecha es aún mayor.
Esta desigualdad no responde a falta de capacidad, sino a barreras estructurales: estereotipos de género, menor acceso a educación científica temprana, falta de referentes visibles y condiciones laborales desiguales. El resultado es un desperdicio de talento que impacta directamente en la innovación y la prevención de riesgos sociales.
Ciencia y prevención: una relación directa
La ciencia ha permitido avances fundamentales en detección temprana de enfermedades, desarrollo de vacunas, monitoreo climático, seguridad alimentaria y prevención de desastres. Muchos de estos avances han sido posibles gracias a la participación de mujeres científicas, aunque significa que su trabajo no siempre es reconocido o visibilizado.
Desde la investigación médica hasta la tecnología ambiental, la diversidad en los equipos científicos mejora la calidad de las soluciones. Cuando más voces participan, más variables se consideran y mayor es la capacidad de anticiparse a problemas futuros.
En términos simples: más ciencia diversa significa más prevención. El impacto en niñas y jóvenes
Promover la participación de niñas en la ciencia desde edades tempranas tiene efectos a largo plazo. La ONU señala que el acceso temprano a educación científica fortalece habilidades críticas como el pensamiento analítico, la toma de decisiones informadas y la resolución de problemas.
En países donde la brecha educativa persiste, las niñas enfrentan mayores obstáculos para acceder a carreras científicas, lo que perpetúa ciclos de desigualdad. Invertir en educación científica con enfoque de género no es solo una política educativa, es una estrategia preventiva contra la exclusión social.
México y el reto de la ciencia inclusiva
En México, instituciones como el CONACYT y universidades públicas han impulsado programas para fomentar la participación de mujeres en la ciencia. Sin embargo, los desafíos persisten, especialmente en el acceso a puestos de liderazgo científico y en la permanencia dentro del sistema académico.
Cerrar estas brechas fortalece la capacidad del país para generar conocimiento propio, responder a crisis sanitarias y ambientales, y construir soluciones basadas en evidencia.
Luz Preventiva alerta con la información
Impulsar la participación de mujeres y niñas en la ciencia no es solo un tema de justicia social, es una inversión en prevención. La falta de diversidad limita la innovación y reduce la capacidad de anticiparse a problemas que afectan a toda la sociedad. Apostar por educación científica inclusiva fortalece sistemas de salud, medio ambiente y desarrollo.
Promover referentes femeninos, apoyar la educación científica y cuestionar estereotipos no es ideología, es prevención social. El conocimiento que no se desarrolla hoy es el riesgo que se enfrenta mañana.
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Fuentes
https://www.unesco.org/es/articles/dia-internacional-de-la-mujer-y-la-nina-en-la-ciencia https://www.un.org/es/observances/women-and-girls-in-science-day https://www.gob.mx/conacyt https://www.inegi.org.mx




